Llegamos a Kayseri bien entrada
la noche, tras volar vía Estambul y disfrutar de la comodidad y buen servicio
de Turkish Airlines. Tras el necesario descanso, un día espléndido nos
sorprendió en Avanos, un pueblecito con mucho encanto que permite visitar los
lugares más atractivos de la Capadocia. Es un pueblo tranquilo, con tradición
secular en la producción cerámica, cruzado por el río donde los patos nadan
junto a las góndolas. Sí, sí, góndolas que permiten un delicioso paseo de
orilla a orilla, con embarcaderos en los estupendos restaurantes de pescado de
la localidad.

       Góndolas en Avanos

Comenzamos nuestra visita por el
Museo al Aire Libre de Goreme, un conjunto de iglesias excavadas en la roca,
decoradas con frescos y estuco sobre monolitos volcánicos. Atravesamos valles
repletos de «chimeneas de las hadas» y formaciones inimaginables, un
remanso de paz en el que los puestos de recuerdos conviven con los vendedores
de frutos secos y los cafés tradicionales, en los que uno puede degustar el
tradicional té o café turco en un rincón perfecto con vistas al valle rodeado
de árboles con farolillos y ojos de la suerte. Una atmósfera de relax y paz
total y absoluta.

       El grupo de viajeros atendiendo las explicaciones de nuestro guía

           Visión de las iglesias excavadas en la roca de Goreme

          Un rincón con encanto en el valle de Goreme

Tras almorzar un menú tradicional
a base de cordero y verduras, empanadas y dulces exquisitos en Hanedan, una réplica de un kervansaray
(antiguas posadas situadas en las rutas comerciales como lugar de descanso,
avituallamiento y compraventa de mercancías) visitamos una fábrica de alfombras
tradicional. Tras explicarnos el proceso de obtención y tratamiento de la seda,
pudimos observar el minucioso trabajo de las tejedoras componiendo verdaderas
obras de arte sólo con sus manos, que luego pudimos contemplar ya terminadas.

Señora tejiendo

        El proceso de la seda

Al día siguiente viajamos hacia
el Valle de Pasabagi y Zelve, de camino hacia el impresionante Cañón de Ilhara,
lugar elegido por los monjes bizantinos para la meditación. Tras bajar los más
de 400 escalones que llevan al río, y dado que el caudal lo permitía,
recorrimos a pie el camino entre rocas y árboles de distintas especies que
llevan a los monasterios abandonados. Un paseo en contacto directo con la
Naturaleza que nos oxigenó de forma considerable.

       Cañón de Ilhara

      Bajada al río camino de los monasterios

Visitamos el bello pueblo de
Güzelyurt con sus casas de piedra e iglesias ortodoxas convertidas en
mezquitas, y pasamos por el pintoresco pueblo de Belisirma al borde del río
Melendiz.
Tras el almuerzo en un
restaurante tradicional, Uranus,
donde nuevamente nos sorprendió la calidad y variedad de la gastronomía turca,
visitamos un taller de objetos de decoración y joyas en el que pudimos admirar
las bellas tallas de turquesas, aguamarinas y ónix, entre otros materiales.
La tarde terminó con un paseo por
el pueblo, disfrutando de las terrazas al borde del río, mientras el sol caía
sobre la Mezquita y oíamos la llamada a la oración y la música tradicional
turca.

Por la mañana temprano casi todo
el grupo experimentó la magia de sobrevolar los valles en globo, tras desayunar
en un espacio excavado en la roca, viendo amanecer rodeados de cientos de globos
repletos de personas emocionadas disfrutando de un momento de belleza y
sensaciones únicas. Tras un recorrido de una hora que nos mostró la gran
pericia de los pilotos, brindamos con champán y recibimos un diploma
acreditativo de la experiencia.

     Sobrevolamos en globo la Capadocia

Continuamos visitando una ciudad
subterránea, en este caso de 4 niveles aunque existen algunas de hasta 10
plantas. Nuestra guía nos explicó detalladamente la vida comunitaria en tiempos
de guerra, anteponiendo siempre el bienestar del grupo al del individuo. Las
ruedas de molino sellaban las entradas y los agujeros de ventilación permitían
incluso la existencia de hornos y lagares en el interior.
Seguimos nuestra ruta hacia
Uchisar, un pueblecillo muy agradable dominado por el Castillo que garantizaba
la vigilancia, donde las ancianas venden cerámica y artículos de lana y seda
mientras cocinan en plena calle.
Desde las terrazas de los restaurantes se
divisa la inmensidad de los valles, mientras que los hoteles excavados en la
roca ofrecen rincones llenos de encanto en los que reina el silencio.

    Castillo de Uchisar

      Anciana vendiendo muñecas y fulares de lana y seda

Disfrutamos de un delicioso
almuerzo en el restaurante Bizim Ev
de Avanos, donde entre otros platos probamos el guiso de pollo y verduras en
vasija de barro, sublime.

     Entrada al restaurante Bizim Ev en Avanos

Kebab en vasija de barro
Por la tarde visitamos Çavusin y
sus casas en la roca que nos trasladaron a un ambiente poco menos que
extraterrestre  de camino a Ürgüp, típico
pueblo de provincias con más comercio y servicios que los anteriores, donde
disfrutamos de la vida y costumbres locales.

         Iglesias en la roca en Çavusin

Para despedirnos de Capadocia
asistimos a un local típico donde pudimos disfrutar de las danzas místicas de
los derviches, los bailes de novios y la danza del vientre, entre otros. Una
jornada muy divertida a la vez que triste, porque en unas pocas horas debíamos
irnos de un lugar en el que nos sentimos muy a gusto.

Apurando la última mañana
visitamos el pueblo de Mustafá Pasha y volvimos a almorzar al estupendo
restaurante Sur Balik en Avanos,
junto al río, para grabar en nuestra memoria un lugar inolvidable.

      Chimeneas de las hadas en el valle de Çavusin

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